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viernes, 8 de mayo de 2026

"Casa de cielo y aliento", Sarah J. Maas

Título: Casa de cielo y aliento (#2)

Título original: House of Sky and Breath

Autora: Sarah J. Maas

Saga: Ciudad medialuna

Editorial: Alfaguara

Año de publicación: 2022

Páginas: 832

Sinopsis: Unidos por la sangre.
Tentados por el deseo.
Liberados por el destino.

Bryce Quinlan y Hunt Athalar han salvado Ciudad Medialuna, por fin ha llegado el momento de bajar la guardia y tratar de volver a la normalidad. Para ello, han acordado tomárselo con calma y no empezar su relación hasta el Solsticio de Invierno, si es que antes no incendian la ciudad con su deseo. Pero todavía no están fuera de peligro. Cuando Bryce, Hunt y sus amigos se ven involucrados en un movimiento rebelde del que no quieren formar parte, se dan cuenta de que tienen que tomar una decisión: callar mientras otros sufren o luchar por un mundo mejor.Y la verdad es que callar nunca se les ha dado bien.

CONTIENE SPOILERS DE CASA DE TIERRA Y SANGRE

Bryce, gracias a sus poderes de astrogénica que la marcan como heredera de la realeza de las hadas y como una de las más poderosas de entre su gente, ha salvado Ciudad de Medialuna de una invasión de demonios. Después de indagar acerca de la muerte de Danika, destapó que fue un asesinato premeditado y orquestado por Micah, el ángel (o malakim) que gobernaba Ciudad de Medialuna, pues la licántropa había robado el Cuerno de Luna y Micah la mató en venganza cuando intentaba averiguar dónde había escondido el objeto mágico, cuyo poder deseaba desesperadamente. Bryce no solo descubrió la traición de Micah, sino que Danika escondió el cuerno disolviéndolo en tinta y tatuándoselo a la propia Bryce en la espalda, un lugar seguro en el que nadie habría imaginado jamás que se hallaba tan poderoso objeto. El arcángel también fue quien provocó la invasión demoníaca que casi arrasa Lunathion, y finalmente fue asesinado por Bryce cuando este la drogó para utilizarla a ella y su poder.

Tras todo lo sucedido, tanto Bryce como Hunt quieren mantener un perfil bajo y centrarse en su relación, alejándose del foco y, sobre todo, manteniéndose al margen de los cambios políticos y convulsos que se vienen a raíz de la muerte de Micah. Sobre todo en el caso de Bryce, que, a pesar de ser ahora mismo el hada más poderosa que existe gracias a sus poderes como astrogénica y al tatuaje del cuerno, no tiene ninguna intención de involucrarse con el Rey del Otoño y los tejemanejes de su Corte. No obstante, la tranquilidad durará bien poco. Tharion, un espía de la Reina del Río Istros y amigo de Bryce, contacta con esta para preguntarle si conoce a Sofie Renast, una mujer con quien Danika intercambió correos electrónicos durante varios meses y hermana de Emile, un niño a quien la Reina está buscando. Aunque Bryce nunca ha escuchado su nombre, al enterarse de quién es Emile y de que, una vez más, su mejor amiga parecía tener una vida paralela que Bryce ignoraba y más secretos peligrosos guardados bajo llave, la medio hada no puede quedarse de brazos cruzados. No solo porque le sigue pesando darse cuenta de que no conocía a su mejor amiga en absoluto, sino porque no puede permitir que un niño inocente de trece años vague solo por Lunathion mientras es perseguido por varios bandos con el fin de convertirlo en un arma para la guerra y abusar de la magia que corre por sus venas.

Hunt no está de acuerdo con que Bryce vuelva a ponerse en peligro por completar una misión de Danika que nada tiene que ver con ella, pero aun así la ayudará en todo lo que esté en su mano. Él tampoco estará exento de sus propios quebraderos de cabeza porque la muerte de Micah, jefe directo de Hunt, supuso la necesidad de elegir a un nuevo gobernador de Ciudad de Medialuna. La seleccionada para el cargo será la arcángel Celestina, una mujer que tiene fama de benévola y amable y que parece dispuesta a revertir el miedo y el terror que imponía su predecesor. Aún así, Hunt no podrá evitar no fiarse de sus intenciones, y se mantendrá ojo avizor para evitar ser gobernado por un nuevo tirano o algo peor.


Cuando leí la primera parte de esta trilogía, hablé de dos puntos negativos que empeoraron mi experiencia de lectura; dos puntos que, por desgracia, se han mantenido en esta novela y que, además, han ido a peor: lo mucho que le cuesta arrancar a la historia y el exceso de erotismo.

Casa de cielo y aliento tiene una extensión de 832 páginas y las 550 primeras me costaron un mundo (sí, recuerdo la página exacta en la que me enganché). Hasta ese momento, la historia se siente como si fuera dando tumbos, como si la autora tuviera las ideas dispersas y no supiera muy bien cómo encauzarlas. Subtramas que parecían no tener ningún sentido entre ellas, personajes que hacían acto de aparición vete a saber tú por qué, descubrimientos tan anodinos que más que sorprendentes eran aburridos... Tardé casi 15 días en llegar a la mitad de la novela, leyendo todos ellos una media aproximada de dos horas. Quizá para algunas personas esto sea rápido, pero para mi ritmo acostumbrado de lectura esto es paso de tortuga. No había absolutamente nada que me diera ganas de continuar con el libro. Leía por obligación, porque si la dejaba pausada durante demasiado tiempo, la pereza que iba a sentir al retomarla iba a ser todavía peor. No me interesaban los personajes, los misterios, nada de lo que estaba pasando, y por más que leía, sentía que no avanzaba en absoluto y que después de quinientas páginas seguíamos atascados en el mismo punto.

Y parte de mi profundo hastío era culpa de la cantidad innecesaria de sexualización y spice que la autora se ha empeñado en meter. Con las últimas publicaciones de Sarah J. Maas (véase esta trilogía y Una corte de llamas plateadas), ha quedado más que claro que la autora ha escogido la corriente imparable de "meterle sexo a todo", aunque en vez de sumar, reste, como es en su caso. Y que vaya por delante que no tengo problema ninguno con escenas explícitas ni con libros altamente eróticos, siempre y cuando el tipo y el tono de la historia, así como lo que se está narrando, lo amerite. El problema es que este no es su caso. Maas se ha emperrado en que cada dos páginas como mínimo tiene que meter algún comentario y/o escena subida de tono (me encantaría decir que estoy exagerando, pero por desgracia no es así). No importa el tema truculento que se esté tratando en ese momento (¿secuestro de menores? ¿asesinatos? ¿masacres? ¿trata de esclavos?), que la autora se esforzará por desviar la conversación o deshacer la tensión metiendo de por medio un pensamiento o referencia sexual. ¿Que estamos hablando de que Emile, un chaval de apenas trece años, está siendo perseguido por un puñado de psicópatas que quieren abusar de su magia? Pues aligeramos la negatividad con el pensamiento fugaz de Hunt mirándole fijamente las tetas a Bryce y fantaseando con cómo se la va a follar esa misma noche. ¿Que Ithan está medio depresivo porque le acaban de expulsar de la manada? No hay problema, Bryce se pasea en tanga delante de él. Y así todo el maldito libro. Por lo que leer esta novela ha sido vergonzoso e incómodo a partes iguales. El alto contenido erótico injertado dentro de una trama seria y que trata problemas graves me ha impedido disfrutar del libro como se merecía e, incluso, me ha parecido una falta de respeto a los lectores.

En cuanto al tema personajes, es curioso porque ha sido en lo que la autora más se ha centrado y lo más desarrollado con diferencia. Brillan especialmente los secundarios. Bryce y Hunt han sido, con diferencia, los que menos me han gustado en esta ocasión. Su trama se centra sobre todo en su formación como pareja y en sus tira y afloja constantes. Después de todo lo que tuvo que soportar Bryce con respecto a los descubrimientos de Danika, su propio poder mágico gracias al tatuaje del cuerno y el tener que salvar una ciudad entera de un ataque de demonios, quiere tomarse las cosas con calma y disfrutar del día a día. Y eso implica, entre otras cosas, que por mucho que desee a Hunt y esté convencida de que está enamorada de él, no quiere formalizar tan pronto su relación (hace apenas unos meses que se conocen, a pesar de que parece más teniendo en cuenta todo lo que han vivido juntos) y ha puesto como límite romántico y sexual el Solsticio de Invierno. Y aunque Hunt está de acuerdo con sus condiciones y es la propia Bryce quien las ha impuesto, no paran de ponerse cachondos el uno al otro durante todo el libro y de provocarse mutuamente. Sin embargo, cuando hablan respecto a este tema, Bryce insiste en que quiere esperar al Solsticio. ¿Me explica alguien qué sentido tiene esto? Y no me refiero a las decisiones de Bryce, completamente respetables, sino al constante intento de boicoteo mutuo que se traen entre manos. Además de que la política de "no tener sexo" se refiere exclusivamente a la machistada de "no penetración", porque con el resto de cosas bien que juegan constantemente. Me parece un auténtico despropósito, sobre todo el seguir perpetuando que solo la penetración se considera sexo, porque me parece una misoginia de manual. Y básicamente el desarrollo de ambos personajes gira en torno a este tema, mientras que el resto de problemas acuciantes que tienen parecen ser secundarios o aparecer cuando la trama lo requiere.

Bryce sigue tan indomable, descarada e incluso maleducada como siempre. Hace lo que le da la gana cuando le da la gana y no permite que Hunt opine al respecto, aun siendo su casi-pareja, a menos que esté de acuerdo con lo que este dice. Aun así, muchas veces actúa a sus espaldas si sabe que Hunt no la va a apoyar, porque a la autora le encanta insistir en lo fuerte e independiente que es Bryce, que no se deja pisotear ni mangonear por ningún hombre (aunque luego el libro tenga comentarios patriarcales como el mencionado anteriormente con el tema del sexo, pero bueno). De hecho, a Bryce le encanta utilizar la expresión "alfamierdas" cuando considera que Hunt se pone en modo sobreprotector hacia ella. Y aunque me gusta que Bryce tenga muy claros los límites de su libertad y lo que está dispuesta a permitir, en ocasiones daba la sensación de que utilizaba la excusa de su independencia y su discurso de "ningún hombre me dice lo que tengo que hacer" contra Hunt, cuando este tan solo estaba siendo razonable y dando su punto de vista como experto en combate y como persona que ha vivido en su propia carne lo peligrosos que son los asteri (dioses carnales de Midgard, el planeta en el que viven) y los arcángeles que están en el gobierno. Vamos, que Bryce utiliza muchas veces discursos feministas para salirse con la suya y poner en su sitio a Hunt. Así que se podría decir que la autora utiliza esta baza para caracterizar a su personaje cuando le conviene, no porque Bryce realmente lo sea. Porque lo siento, pero el feminismo es mucho más que independencia sexual y monetaria, libertad de acción y mujeres fuertes. Pero parece que Maas coge lo que le interesa de esta corriente para que convertir a Bryce en un personaje atractivo, sin entender realmente lo que significa.

En cuanto a Hunt, en este libro se siente más como un secundario que como un personaje principal. La mayor parte de su desarrollo está ligado a Bryce, y se centra sobre todo en protegerla cuando es necesario, acudir a su lado cuando esta se lo pide, intentar hacerla entrar en razón cuando se le ocurre algún plan disparatado y, lo más relevante, pensar 24/7 en todas las cochinadas que se muere de ganas de hacerle. Estar en la mente de Hunt para mi fue casi tortuoso porque parece que su cerebro se ha desplazado paulatinamente hacia la parte baja de su cuerpo; amén de las múltiples veces que es sexualizado a través de las descripciones que hace la autora. Se ha convertido en un hombre florero que solo sirve para exhibir su fuerza bruta, la potencia de sus relámpagos y su atractivo físico. Lo más interesante de su historia es su incorporación al trabajo como soldado tras todo lo sucedido con Micah y la incertidumbre que acompaña a Celestina, su nueva jefa, así como el hecho de que ya no es un ángel esclavizado, sino un hombre libre. Con él nos adentramos en los cambios políticos y el aire fresco que trae la nueva gobernadora de Ciudad de Medialuna y nos reencontramos con viejos enemigos del ángel. Concretamente con Baxian y Pollux, dos soldados pertenecientes al antiguo escuadrón de Sandriel, dueña original de Hunt, caracterizados por su crueldad, su sed de sangre y su sadismo. Como Sandriel está muerta y Celestina está reorganizando a sus triarii (nombre que reciben los comandantes de las distintas legiones de los Asteri, estos dioses reencarnados, y que responden ante los arcángeles), necesita reunir nuevos efectivos y Baxian y Pollux formarán parte de las nuevas incorporaciones. A Hunt no le hace ni pizca de gracia y más cuando Baxian quede a su cargo, pues conoce de primera mano las atrocidades que estos hombres han cometido en el pasado; pero siendo órdenes directas del arcángel no le quedará más remedio que cargar con él, esforzándose por dejar sus rencillas atrás para evitar en la medida de lo posible que haya roces entre ellos que perjudiquen el trabajo en equipo. Sin embargo, Hunt enseguida se percata de que ahora que Baxian no tiene que cumplir las órdenes de Sandriel (quien era conocida por su extremada violencia y falta de sentimientos), parece un hombre distinto, menos combativo y cruel. Aun así, Hunt no se fía en absoluto de él, por lo que no le quitará el ojo de encima.

Curiosamente, de los capítulos protagonizados por Hunt el personaje que más interesante me ha parecido es Baxian. Ahora que no está sometido a Sandriel, el soldado está empezando a mostrar una cara diferente, como si su forma de comportarse antaño hubiera estado azuzada por las circunstancias y no por su forma de ser. Es evidente que es un personaje de doble filo y como lector, al igual que Hunt, no puedes confiar en él ni en sus supuestas buenas intenciones, pero me ha gustado mucho el desarrollo que ha tenido y estoy convencida de que se convertirá en uno de mis favoritos de cara a la tercera parte, sobre todo después de cierta revelación asombrosa sobre su persona, un descubrimiento que no imaginaba en absoluto y que reconozco que me dejó con la boca abierta. Fue toda una sorpresa y, además, muy bien manejada por la autora porque a pesar de lo increíble de la misma, cuando te va detallando cómo ha sucedido y por qué, todo parece encajar en su sitio.

Otro secundario que ha brillado con luz propia es Ithan, uno de los licántropos de la manada de Danika. Era uno de los mejores amigos de Bryce, pero por ciertos motivos ambos terminaron separándose. La muerte de Connor, hermano de Ithan y muy cercano a la propia Bryce, también supuso un escollo en su relación. En esta novela, Ithan ha sido expulsado de la manada por Sabine, madre de Danika, por haber defendido a Bryce por haber ayudado a todos los habitantes de Ciudad de Medialuna cuando esta fue invadida por demonios, sin tener en cuenta clases sociales ni estatus. Que Ithan se pusiera de su parte fue algo que no le hizo ni pizca de gracia a la futura Premier de los licántropos, por lo que lo castigó con el exilio, una de las peores represalias para un lobo. Medio muerto después de la paliza recibida, Ithan terminó en casa de Bryce, la única persona que sabía que le mostraría un mínimo de compasión a pesar de sus diferencias de los últimos años, y esta le acogió hasta que encontrara un nuevo hogar. El licántropo ya me caía bastante bien cuando la autora nos lo presentó por primera vez, pero conocerle de primera mano ha hecho que se convierta en uno de mis favoritos. Me gusta el rollo que se lleva, su sentido del humor y de la lealtad, su creencia en la justicia y en la empatía sin importar lo opine Sabine, de ahí que ahora se halle en esa situación de desamparo. A pesar de cargar con sus propios fantasmas y responsabilidades, no dudará ni un segundo en echarle una mano a Bryce para buscar al niño desaparecido ni para averiguar qué nuevo secreto escondía Danika y cuál es su relación con Sophie. Ithan es muy buen amigo y no tiene problema en olvidar las rencillas y en apartar sus propios sentimientos para hacer lo que cree correcto. Además, la relación de camaradería que entabla con Ruhn, hermano de Bryce, y los colegas de este me ha encantado. Hacen un tándem estupendo, se coordinan muy bien y el licántropo encaja con ellos como si los conociera de toda la vida. Ruhn y sus amigos también me han gustado mucho. Ya me caían genial en el libro anterior y aquí han tenido más protagonismo, dado que la misión en la que está embarcada Bryce requiere de mucha gente implicada que la ayude. Por último, hablar de Tharion, un personaje nuevo que trabaja como espía de la Reina del Río y que, a pesar de su presencia constante, me ha resultado bastante indiferente. Carga en sus hombros con una historia trágica y con unas cadenas impuestas por su monarca que le impiden vivir como le gustaría, pero honestamente, los capítulos contados desde su punto de vista me han resultado aburridos. Como mención especial tenemos a Cormac, del que no os puedo contar nada, pero al que os aconsejo no odiar demasiado. Es en el príncipe de Avallen, un reino de las hadas, y emparentado con el Rey del Otoño. Su presencia añadirá más leña al fuego a la ya de por sí tensa posición de Bryce respecto al trono y la realeza y aunque al principio es un personaje reprobable e insoportable, dudo que me vaya a olvidar fácilmente de él teniendo en cuenta todo lo que sucede y su gran arco de personaje.

En cuanto a la trama, al igual que pasó con Casa de tierra y sangre, tarda mucho en arrancar. Comenzamos con un prólogo bastante largo donde se nos presenta a Sophie, quién es ella, sus poderes y cuál es su misión. Como toda esta parte está descontextualizada y la lees sin saber qué tiene que ver con la historia principal, estos primeros capítulos se me hicieron largos y confusos. Aun así, en mi opinión la trama no mejora hasta más de la mitad del libro. Al ser un libro de personajes, la autora se centra mucho en las relaciones entre ellos, en cómo va afectando a la historia las decisiones que toman y sus acciones y aunque eso sirve para conocerlos mejor, para encariñarte con ellos y para elucubrar cuáles van a ser sus siguientes pasos, en lo personal no me terminó de convencer. Por mucho que avanzara en la lectura, sentía que no ocurría nada, que era capítulo tras capítulo de X personaje haciendo X cosa por su cuenta y que no entendía qué relación tenían esas escenas con el problema principal que se nos estaba planteando. La gran cantidad de escenas con insinuaciones eróticas o, directamente, explícitas tampoco ayudaron a que disfrutara de la lectura. Y respecto al final... el descubrimiento que hacemos respecto a Sophie, su investigación y su relación con Danika fue, sin duda, impactante porque, al menos yo, no me lo vi venir en absoluto. No obstante, odié la aparición de ciertos personajes casi en los últimos capítulos porque no hay nada que deteste más, que a aquellos autores que deciden de repente que todas sus sagas pertenecen al mismo mundo y, por tanto, están conectadas. Si son sagas individuales, con sus propias reglas, sistemas e historias, quiero poder leérmelas como tal, muchas gracias. No hacer cábalas y un esquema para saber qué libro de qué saga me tengo que leer en qué posición o intercalarlo con qué otra saga. Sinceramente, no sé si la autora planeaba esto desde el principio o fue una ocurrencia en el último momento, pero yo empecé a leer a Sarah J Maas cuando sus libros eran, en teoría, independientes entre sí y no me hace gracia cuando de repente se decide que va a dejar de ser así, porque entonces coarta la libertad del lector de leer las sagas que le interesen y en el orden que quieran.


Casa de cielo y aliento no es un libro que empiece mal y luego remonte como sí me sucedió con la primera novela; es un libro que empieza mal y termina ligeramente mejor. El exceso de sexo, la lentitud de la trama, que los personajes fueran a su rollo la mayor parte del tiempo y tuvieran sus propias subtramas en apariencia no relacionadas en absoluto con la historia principal, la relación romántica tan insoportable entre Bryce y Hunt... todo eso eclipsó lo bien construidos que están los personajes, el misterio que envuelve a todo el libro y las múltiples sorpresas con que nos deleita la autora. En esta ocasión, lo bueno no logró superar con creces a todo lo que no me gustó.

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