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jueves, 16 de abril de 2026

"Danza de acero", Marta Carballo

Título: Danza de acero (#1)

Autora: Marta Carballo Losada

Saga: Pétalos de sangre

Editorial: Malas artes

Año de publicación: 2025

Páginas: 316

Sinopsis: ¿Serías capaz de dejar atrás todo lo que amas para sobrevivir?

Aurora es apenas una niña, pero se ve obligada a abandonar a su madre y su país para escapar de la pobreza. En Natsukashi, su nuevo hogar, se convierte en aprendiza de geisha y conoce a Komorebi, una niña callada y misteriosa con un pasado terrible a sus espaldas. Juntas, presencian asesinatos que no parecen haber sido cometidos por personas comunes. Cuando investigan sobre ellos, descubren que tan solo son una pieza de un rompecabezas mucho más complejo de lo que puedan imaginar.

Siendo apenas una niña, la madre de Aurora no puede soportar ver día a día cómo su única hija se marchita por culpa de la pobreza, por lo que toma una decisión dolorosa pero necesaria: enviarla a su tierra natal, Natsukashi, en busca de la señora Take, una antigua conocida. Take, u okaasan como la llaman todos, regenta una casa del té en la que entrena a jóvenes en las artes de las geishas. Aurora, chapurreando como puede el idioma nativo de su madre para sobrevivir en un país nuevo, será renombrada como Yuki por su nueva maestra, en un intento de disimular su procedencia extranjera, a pesar de sus rasgos y de lo llamativo de su pelo blanco como la nieve. A pesar del miedo inicial y de su desconocimiento acerca del propósito del lugar al que ha ido a parar, Yuki enseguida se pondrá manos a la obra y estará dispuesta a trabajar duro con el único objetivo de poder enviarle el dinero que gane (lo poco que le queda después de ir pagando la deuda que contrae con okaasan a cambio de que esta alimente, eduque y dé techo a sus pupilos) a su madre, para intentar darle una vida mejor y que pueda seguir subsistiendo a kilómetros de distancia, más allá de los exiguos beneficios de la granja familiar.

Yuki es torpe, despistada y le cuesta interiorizar las múltiples artes que debe manejar una geisha (tocar instrumentos, bailar, la forma de hablar, de moverse...) además de la barrera del idioma, pero eso no le impedirá hacer amigas dentro de la okiya (nombre que recibe el lugar donde se alojan y trabajan las geishas). Una de las jóvenes que más despertará su atención es Suzue Komorebi, una chica callada, fría y distante que guarda las distancias con todo el mundo y oculta sus sentimientos tras una máscara de hielo. Suzue es todo lo que Yuki aspira a ser: inteligente, elegante, sofisticada, alguien hipnótico de contemplar mientras baila o toca el shamisen. Y a pesar de las barreras que la rodean, Yuki consigue hacerse hueco poco a poco en su corazón y convertirse en su primera y única amiga. Suzue es imparable y tiene un objetivo muy claro; dejar de ser una aprendiz cuanto antes y convertirse en geisha. Y Yuki no quiere quedarse atrás, porque si su amiga logra superar el examen para pasar de nivel, dejarán de estar juntas y eso es algo que no puede permitir. Lo que Yuki no imagina es que, sin importar sus esfuerzos, siempre estará un paso por detrás. Y lo que tampoco sabe, es que Suzue no tiene intención de quedarse a su lado. Y mucho menos cuando unos terroríficos e inexplicables asesinatos amenacen la okiya y a sus habitantes.


Esta primera parte de bilogía nos sumerge en el Japón antiguo, en el Japón de las geishas, las criaturas mitológicas y las tradiciones ancestrales, de la mano de dos jóvenes que están perdidas y a quienes la vida no las ha tratado bien.

La novela está dividida en dos partes (Okiya y Yuurei) y la primera está narrada por Aurora, después Yuki, una muchacha proveniente de una situación de pobreza en donde la granja que gestiona su madre no da para alimentarlas a ambas. La mujer, desesperada por darle a su hija un futuro mejor, toma la drástica pero necesaria determinación de enviarla a Natsukashi con la esperanza de que allí sea acogida por una antigua conocida y entrenada para ser geisha. No es un destino ideal teniendo en cuenta a qué se dedican (complacer a cualquiera que se lo pueda permitir), pero es mucho mejor que morir en la miseria. Aurora, con el corazón roto, partirá a un lugar que no conoce, con un idioma que no es el suyo y que su madre le ha enseñado a duras penas, y acabará siendo aceptada en una okiya donde se topará con normas y tradiciones de las que nunca escuchó hablar, pero que ahora tendrá que aprender si quiere sobrevivir. Aurora es una joven inocente y dulce, lanzada a un mundo muy diferente a todo lo que ha conocido hasta el momento. No tiene ni idea de qué es una geisha y cuál es su función, pero lo que sí sabe es que si quiere continuar en la okiya, debe esforzarse el doble que los demás para estar a la altura. A pesar de las dificultades iniciales, Yuki trabajará duro y sin descanso para ser grácil como un cisne en sus danzas, producir melodías hermosas con el shamisen, y moverse con soltura y elegancia para conquistar a los futuros clientes, quienes pagarán una buena suma de dinero con tal de que la joven amenice sus vidas. Aunque la motivación inicial de Yuki es poder enviar su exiguo salario a su madre, Suzue (o Komorebi, como la conoce al principio porque lo habitual es llamar a los demás por el apellido y no por el nombre de pila) pronto se convertirá en el motor de su aprendizaje. Su compañera es mucho mejor que ella en todo y por lo que se rumorea en la okiya, está destinada a ser una de las geishas más codiciadas del lugar. Parece dominar todas las artes con una facilidad pasmosa y está más que preparada para presentarse al examen que dará inicio a su formación oficial como aprendiz. Ese examen implica que ambas continuarán sus caminos por separado y Yuki no está dispuesta a que nada ni nadie la separe de su mejor amiga, por lo que se esforzará el doble para alcanzar el nivel requerido y seguir a su lado.

Yuki es un personaje que me ha gustado por su amabilidad y tenacidad. Esta última fortaleza no solo se aplica a sus estudios como futura geisha, sino también en los constantes intentos por romper esa capa de hielo que rodea a Suzue. La joven es distante con todo el mundo y carga a sus espaldas un peso que no quiere compartir y que, en parte, explica a la perfección su conducta y esa terquedad en su negativa para acercarse a la gente. Sin embargo, parece haber encontrado una suerte de bálsamo en Yuki y ambas se complementan a la perfección. A pesar de seguir tratándola con cierta frialdad, Yuki comprende a su amiga y no la juzga; permanece a su lado con tesón y ha encontrado en ella un refugio y alguien a quien admirar. Aunque la relación entre ellas me ha parecido preciosa, me habría gustado un poco más de desarrollo, sobre todo cuando empezamos a intuir que Yuki parece verla como algo más que solo una amiga. Siento que no hemos tenido escenas suficientes entre ellas o, más bien, diálogos o conversaciones profundas como para que dé pie a que florezca un afecto más intenso. Es decir, puedo entender perfectamente cómo se siente Yuki, pero habría preferido que la autora hubiera incidido un poco más en este aspecto y les hubiera dado más tiempo juntas, sobre todo teniendo en cuenta lo importante que es la relación entre ambas de cara a la segunda parte.

Por otro lado, a Suzue solo la conocemos, al menos en esta primera mitad del libro, a través de los ojos de Yuki. Además de la profunda admiración y respecto que esta deja traslucir acerca de su compañera, lo que sabemos de ella es que guarda un oscuro secreto que parece atormentarla y que explica su actitud y ese rechazo por relacionarse con los demás. Suzue aspira a convertirse en geisha para llevar a cabo una venganza y cada paso que da, lo hace teniendo siempre este objetivo en mente. Antes de acabar en la okiya, pertenecía a una familia feliz y bien acomodada, en una situación de privilegio y protección que le brindaban un futuro prometedor y alejado de cualquier tipo de preocupación. No obstante, por culpa de una traición, de la noche a la mañana se vio huérfana y rodeada de miseria, por lo que, al igual que Yuki, encontró en la okiya una forma de salvarse, un lugar donde crecer alejada del peligro y donde poder formarse y trabajar a cambio de un techo y alimento, para que, cuando estuviera preparada, pudiera vengar a sus seres queridos. Sin embargo, ni siquiera en la casa del té es inmune a las desgracias, como comprobará cuando una mujer misteriosa se cuele en su hogar y asesine a quien había llegado a considerar como un hermano. Será entonces cuando, con el corazón roto, a Suzue se le presente la oportunidad de marcharse de la okiya y continuar con su plan. Y ni siquiera Yuki, esa muchacha de pelo de nieve y ojos azules, le impedirá seguir adelante.

A pesar de su frialdad y de que parece no tener sentimientos, es muy fácil empatizar con Suzue. Algo que me ha gustado mucho es que en ningún momento pierde de vista cuál es su objetivo. No es el típico personaje vengativo cuyo corazón lleva años inundado en odio, pero de repente conoce a alguien o se ve envuelto en algo que hace que se olvide de los motivos que la han llevado hasta allí y que los aplace en un segundo lugar. No, por mucho que le duela a Yuki o incluso a la okaasan, Suzue tiene muy claro por qué está allí y que la okiya simplemente es un lugar de paso, un hogar temporal que la permita crecer y avanzar antes de seguir su camino. Y eso es algo que he apreciado, que esa sed de venganza siga latente en ella a pesar de todo. Será en la segunda parte del libro cuando la conozcamos mejor, tanto a ella como a su historia, pues los capítulos estarán contados desde su punto de vista.

En cuanto a los personajes secundarios, se me han quedado un poco cortos. En la okiya conocemos a varios aspirantes a geisha, pero no se profundiza en ellos más allá de dar algunas pinceladas sobre su personalidad y aparecer en momentos puntuales para darle algún tipo de información al lector o aportar en algún diálogo que permita que avance la trama. Me habría gustado saber más, por ejemplo, de Ongaku, un joven destacable entre las geishas y que toma bajo su ala a Suzue como aprendiz; más que nada porque termina siendo un personaje central en el desarrollo de esta última y en ciertos sucesos que ocurren en la casa del té. Y lo mismo pasa con Take, la okaasan o mujer encargada de la okiya. Todos los personajes le tienen mucho cariño porque, al fin y al cabo, se convierte en una especie de madre adoptiva para ellos, y a mi como lectora me habría encantado encariñarme con ella de la misma forma, pero siento que no ha tenido suficientes apariciones como para que eso ocurriera y es una lástima. En la segunda parte la autora añade nuevos personajes en los que sí nos detenemos un poco más como el monje Nupuri y algunos de los yuurei (Ryuu, Chinmoku, Kanoke...), y estoy segura de que algunos de ellos van a dar de qué hablar en el siguiente volumen de la bilogía.

Respecto a la trama, la primera parte está narrada desde la perspectiva de Yuki y se centra sobre todo en describirnos la okiya y el aprendizaje de sus habitantes. Me ha parecido muy original que la autora considere que pueden ser geishas tanto hombres como mujeres, porque en este trabajo no importa el género, sino sus habilidades y su capacidad para entretener y seducir. De hecho, este dato es históricamente correcto dado que antiguamente en Japón también los hombres trabajaban amenizando veladas y como acompañantes. No sé si la autora conocía este hecho y por eso lo ha incluido en su novela o si simplemente es una decisión literaria, pero sea como fuere, es agradable ver a las geishas retratadas como personas talentosas y entrenadas en las artes, sin importar su género. Así pues, estos capítulos son bastante introductorios, diseñados para presentarnos a las protagonistas y ciertos hechos relevantes que marcarán sus vidas y serán fundamentales en cómo avanza la historia y lo que va sucediendo en esta. Es por este motivo, que la primera parte es un poco más pausada e incluso en algunos momentos puede dar la sensación de que no está ocurriendo nada, más allá de acompañar a Yuki en sus clases y en todas las dificultades que enfrenta a lo largo de sus estudios. Lo más destacable, y lo que mantiene en vilo al lector, son los asesinatos que comienzan a sucederse en la okiya, muertes inexplicables a manos de seres que no logramos ubicar y cuyas motivaciones desconocemos, que darán pie a que Suzue decida ponerse en marcha.

La segunda parte transcurre fuera de la okiya y nos metemos de lleno precisamente en la cabeza de Suzue, lo que nos permite conocerla más y mejor. Aquí es cuando, para mi, arranca de verdad la trama. Las explicaciones, más que necesarias para entender cómo está construido el mundo y algunos aspectos fundamentales de la cultura japonesa en la que se basa la novela, se entremezclan con agilidad con el misterio de quiénes son los yuurei, por qué están matando a la gente y causando el pánico en la ciudad y, lo más importante, qué relación tienen con la casa del té y con las protagonistas, especialmente con Suzue. No me esperaba en absoluto el giro de acontecimientos que nos tenía preparado la autora con respecto a nuestra coprotagonista y lo cierto es que me sorprendió y encantó a partes iguales. Al principio no entendía muy bien cómo iban a encajar los yuurei con sus planes de venganza y con la subtrama de Yuki por lo que estaba bastante confundida y escéptica. Pero cuanto más avanzaba en este aspecto, más intrigada me sentía y más quería saber acerca de esta organización de asesinos y de su importancia en cuanto al desarrollo de Suzue se refiere. Esta segunda mitad de la novela fue mi favorita y me la leí en un suspiro, porque además reúne a los personajes secundarios más fascinantes.


Con la ambientación japonesa he tenido mis más y mis menos. Al principio me costó bastante entrar y estaba lastrando mi experiencia de lectura porque me sentía como si la autora hubiera escogido todos los clichés de esta cultura y hubiera formado su historia alrededor de ellos. Las descripciones hacían ver el mundo como si fuera un escenario sin vida, de cartón piedra, que estaba ahí solo por su exotismo y para darle un decorado más llamativo al libro. He de puntualizar que, en mi caso concreto, me ha pasado factura el estar especializada en el país nipón, por lo que, de manera inconsciente, soy bastante más crítica con los libros basados en la cultura japonesa, así que estoy segura de que un lector que disfrute de este tipo de ambientación y esté familiarizado con ella de una forma más "genérica" que yo, no tendrá la misma sensación. No obstante, también creo que ese escollo inicial pudo estar influido por ser la visión que nos transmitía Yuki, una muchacha que viene de un país con una cultura y unas tradiciones completamente diferentes, por lo que su forma de hablar de las geishas, la okiya, el baile, la danza... pudo contribuir a que yo percibiera la ambientación de una manera tan superficial. Sobre todo porque cuando cambiamos a Suzue como narradora, me resultó mucho más fluido y pude disfrutar mucho más de la atmósfera asiática. Aun así, se nota que la autora se ha documentado y un detalle que me ha encantado es cómo se habla del paso del tiempo utilizando las estaciones. Para los japoneses, las estaciones y todo los cambios que estas conllevan (lluvias, floración, temperatura...) es algo importantísimo y se ve reflejado en la obra, un gesto por parte de la autora que, aunque a priori pueda parecer menor, en mi opinión dota de más realismo ese trasfondo japonés. Todo esto unido a las escenas de lucha y de acción, en ocasiones daba la sensación de estar "leyendo" un anime, por lo que si sois fans de este tipo de series, estoy segura de que os va a encantar. Otro "punto flaco" a este respecto (aunque esto ya es ponerse demasiado quisquillosa), es que me habría gustado un mayor énfasis en la parte mitológica. La autora nos deleita con la aparición y mención a ciertas criaturas del folclore japonés, un tema que particularmente me chifla, y habría sido increíble que hubiera desarrollado más esta parte porque le habría dado un puntito extra de fantasía muy prometedor.

Es una novela que está muy bien escrita. Se nota la evolución de la autora si se compara con la primera que publicó (Colores en el viento), tanto en su estilo literario, como en su creación de personajes y tramas. Eso sí, el ritmo no me ha terminado de convencer. A veces sentía que las cosas sucedían demasiado lentas o que había explicaciones innecesarias, mientras que en otros momentos (especialmente de cara a la segunda parte del libro, donde el asunto se complica bastante) me faltaba información o me resultaba todo muy precipitado. Aún así, en términos generales no es algo que me haya impedido disfrutar de la experiencia ni mucho menos. Es más, es una historia que se lee muy rápido a pesar de estos cambios de ritmo; yo me la bebí en menos de una semana. El final es un cliffhanger, lo cuál está muy bien porque te deja con la miel en los labios y recuperándote de ese impacto, y a la vez muy mal porque como no tengas en tus manos la segunda parte te va a tocar sufrir, sobre todo porque es un desenlace bien cargadito de drama (y del tipo de drama que me gusta, además, del intenso y doloroso a partes iguales).


Danza de acero es la primera parte de una bilogía muy prometedora. Tiene intriga, venganza, secretos, un toque de mitología, romance, drama, samurais sin amo, magos, ambientación japonesa... un cóctel explosivo y muy bien llevado que hará las delicias de cualquier lector que busque una novela adictiva con tintes asiáticos.

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