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martes, 22 de septiembre de 2026

"Las luces de septiembre", Carlos Ruiz Zafón

Título: Las luces de septiembre (#3)

Autor: Carlos Ruiz Zafón

Saga: Niebla

Editorial: Planeta

Año de publicación: 2008

Páginas: 317

Sinopsis: Un misterioso fabricante de juguetes que vive recluido en una gigantesca mansión poblada de seres mecánicos y sombras del pasado... Un enigma en torno a extrañas luces que brillan entre la niebla que rodea el islote del faro. Una criatura de pesadilla que se oculta en lo más profundo del bosque... Estos y otros elementos tejen la trama del misterio que unirá a Irene e Ismael para siempre durante un mágico verano en Bahía Azul. Un misterio que los llevará a vivir la más emocionante de las aventuras en un laberíntico mundo de luces y sombras.


Los Sauvelle tenían todo lo que cualquier familia podía desear: dinero para vivir holgadamente en uno de los mejores barrios de París, ropa lujosa, educación en colegios prestigiosos y, en definitiva, una vida cómoda y plena. Pero la muerte del patriarca tras una enfermedad les arrebató todo, pues su ausencia no solo dejó dolor y tristeza, sino también múltiples deudas. Ahogada por los prestamistas, a Simone le llegará una oportunidad laboral que no puede rechazar, trabajar como ama de llaves en la mansión Cravenmoore, la morada de un creador de juguetes autómatas llamado Lazarus Jann y ubicada en el idílico pueblecito costero de Bahía Azul, Normandía. La generosa oferta del juguetero incluye alojamiento para ella y sus dos hijos, Irene y Dorian, además de costear su educación. Los Sauvelle se mudarán allí durante el verano de 1937, dispuestos a empezar de cero en un lugar que suena prometedor, aunque sea lejos de la vida de lujo que construyeron en la capital francesa. Pero su idílica estancia al lado del mar se verá rápidamente trastocada cuando una criatura de pesadilla comience a acechar por el bosque detrás de su casa y los terroríficos sucesos acaecidos por la zona años atrás empiecen a salir a la luz.


A pesar de las vicisitudes y la tristeza tras la muerte de su marido, Simone tiene claro que va a hacer lo que sea para sacar a sus hijos adelante. Y cuando la jugosa oferta del señor Jann llegue a sus oídos, sabe que es la oportunidad perfecta para dejar el pasado atrás y comenzar de nuevo en un sitio precioso, rodeado de mar y naturaleza, donde Irene y Dorian pueden rehacer su vida. Además, en cuanto conocen a su benefactor, se quedarán atrapados por él. Lazarus es un hombre amable, cálido, que derrocha familiaridad, que no tiene reparos en poner su fortuna a disposición de los Sauvelle para que los chicos no vean interrumpidos sus estudios, y que los acepta a tomar un chocolate caliente en Cravenmoore cada vez que deseen. La mansión en sí es igual de peculiar y maravillosa que su dueño. Está plagada de toda clase de juguetes, prodigios mecánicos y autómatas, que si bien pueden ser escalofriantes y producir congoja (sobre todo cuando se apagan las luces), al mismo tiempo son hipnóticos y demuestran la maestría y el ingenio de su creador.

Nuestros protagonistas serán Irene e Ismael. Irene tiene apenas quince años y a pesar de estar en plena adolescencia, se ha adaptado bastante bien a Bahía Azul. En los primeros días conocerá a Hannah, que trabaja como doncella y cocinera en Cravenmoore, una joven de su edad, dicharachera, extrovertida y que habla por los codos. Enseguida se harán amigas y Hannah se encargará de ejercer de anfitriona, enseñarle a la muchacha el pueblo y ponerla al día de los últimos cotilleos de los vecinos. Su primo es Ismael, quien vive con la familia de Hannah después de haber perdido a sus padres. Es un muchacho introvertido, que vive por y para el mar, por lo que casi nunca está en tierra firme y pasa más tiempo en su barco que en casa. En cuanto Irene e Ismael se conozcan, enseguida se sentirán curiosos el uno por el otro y no dudarán en quedar en cualquier ocasión, yendo de excursión a sitios tan inhóspitos y misteriosos como el islote del faro. De hecho, existe una leyenda alrededor de aquel lugar.

Se dice que hace años, durante el baile de máscaras del pueblo, los lugareños vieron a una mujer en barca dirigiéndose al islote. Sin embargo, el embate de las olas volcó su embarcación y nunca se supo más de ella. Tampoco se encontró el cuerpo. Husmeando dentro del faro, Ismael encontró un diario firmado por una tal Alma Maltisse que, presumiblemente, le pertenecía a aquella mujer. Se lo entregará a Irene para que indague más sobre la historia si tiene curiosidad, y esta se obsesionará con los pensamientos de aquella desconocida. Por otro lado tenemos a Dorian, el benjamín, que está muy unido a su hermana y a su madre y que tendrá un papel secundario en la novela.

A parte de la leyenda del faro, otros misterios rodean la historia, como el de las luces de septiembre, luces que se dice que iluminan el faro durante este mes; la criatura hecha de sombras que parece acechar en los bosques en busca de algo o alguien; o las habitaciones de Cravenmoore a las que Lazarus ha prohibido expresamente acceder, a pesar de que parece que hay una misteriosa presencia que anima a sus visitantes a incumplir las normas y descubrir qué se oculta tras esas paredes.

Al igual que los otros dos libros que componen esta trilogía, esta obra está caracterizada por la mezcla de fantasía, terror paranormal y realismo mágico. Cuanto más nos adentramos en el pasado de Bahía Azul, más tétrica se va volviendo la novela. Además, el hecho de que los animatrónicos no sean un mero decorado y formen parte de la trama, dota a algunas escenas de un trasfondo terrorífico que pueden poblar las pesadillas del lector. A pesar de ser una novela claramente juvenil, eso no quita la forma tan magistral que tiene el autor de desarrollar la trama, entremezclando los diversos misterios que se nos van planteando desde el inicio y que te mantienen en vilo, al igual que no escatima en detalles escabrosos y truculentos cuando son necesarios para recrear el horror que están viviendo sus protagonistas y esa atmósfera tan opresiva. Algo que aprecio mucho de este autor, es que siempre tiene en mente la edad de sus lectores potenciales, pero eso no significa que dulcifique o infantilice sus historias, su forma de contarlas o su manera de escribir. Por eso su obra siempre será tan especial. Porque la puedes disfrutar por igual en plena adolescencia o en tu adultez.

Como siempre, su estilo narrativo es exquisito, el componente emocional te removerá las tripas y te dejará melancólico, y el final es excelente y un perfecto cierre para la montaña rusa de emociones que vivirás con este desenlace de trilogía.


Aunque El príncipe de la niebla siempre será mi favorito de los tres, Las luces de septiembre también tiene un hueco en mi corazón. Es un final perfecto que funciona como novela independiente y como cierre de un ciclo de terror juvenil.

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