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jueves, 9 de julio de 2026

"El imperio del vampiro", Jay Kristoff

Título: El imperio del vampiro (#1)

Título original: Empire of the Vampire

Autor: Jay Kristoff

Idioma original: inglés

Saga: El imperio del vampiro

Editorial: Nocturna

Año de publicación: 2022

Páginas: 944

Sinopsis: HAN PASADO 27 AÑOS DESDE EL ÚLTIMO AMANECER

Durante casi tres décadas, los vampiros han luchado contra los humanos, cimentando su imperio eterno mientras el nuestro se desangra. Ahora los que sobrevivimos somos sólo unas chispas de luz en un mar de oscuridad creciente.

Gabriel de León es el último miembro de la Orden de Plata, dedicada a defender el reino y la iglesia antes de que los arrasaran. Su destrucción fue imparable cuando la luz del día nos abandonó. Condenado a muerte por el asesinato del rey vampiro, el último miembro de la hermandad sagrada se ve obligado a contar la historia de su vida. Una historia que abarca años, desde su juventud en la abadía de San Michon y el amor prohibido que presagió su ruina hasta la traición que aniquiló la orden. Una historia de batallas legendarias con criaturas de la noche, de fe perdida y aliados improbables, de las guerras de la sangre, del Rey Eterno y de la última esperanza que le quedaba a la humanidad antes de que los monstruos lo redujeran a cenizas.

Porque las últimas palabras de Gabriel serán, en definitiva, nuestro epitafio

Hace veintisiete años, desapareció la luz. De la noche a la mañana, el cielo se cubrió de una neblina gris que apenas deja pasar los rayos del sol. Nadie supo el motivo y lo que la gente esperaba que fuera una climatología extraña temporal, se convirtió en la norma. Como consecuencia de este fenómeno anormal, surgieron los vampiros. Estas criaturas pasaron de ocultarse en la noche, a pasearse a sus anchas y conquistar aldeas, usando a los humanos como fuente de alimento. La luz seguía siendo su talón de Aquiles, pero la constante penumbra les hizo más valientes, más fuertes y más letales. Como medio de supervivencia, se creó la Orden de Plata, una hermandad religiosa formada por guerreros que habían nacido de la unión hereje entre un humano y un vampiro. Esto les confería la resistencia y la fuerza de estos últimos, pero seguían siendo lo suficientemente humanos como para no verse obligados a subsistir a base de sangre. Eran la mezcla perfecta entre ambas razas, con la protección del Redentor de su lado, dispuestos a morir con tal de salvar la humanidad de la extinción y buscando cualquier indicio que les permita acabar con los vampiros de una vez para siempre.

Después de años de lucha interminable, solo queda un Santo de Plata en pie: Gabriel de León. En la actualidad, ha sido apresado por la Emperatriz de los vampiros y languidece en una celda. No obstante, la monarca tiene mucho interés en conocer la historia detrás de uno de los cazavampiros más letales y conocidos, por lo que envía a su historiador personal, Jean-François, para que le obligue a relatar su vida desde el principio y escribir una biografía, que narre desde su más tierna infancia hasta el fin de sus días.


Mi primer contacto con Kristoff fue con su saga Las guerras del loto, unos libros basados en un Japón feudal steampunk que me encantaron y nunca me cansaré de recomendar. Su siguiente saga más famosa fue Nuncanoche, aunque nunca terminó de llamarme la atención. Pero cuando publicó El imperio del vampiro, la gente se volvió loca. Estos libros estaban por todas partes, todo el mundo parecía haberlo leído y las críticas eran increíbles. Así que, después de muchos años, decidí que era el momento de retomar mi contacto con este autor y su fantasía grimdark.

La historia comienza con Gabriel de León encarcelado por la Emperatriz y sufriendo los efectos de la privación de libertad. No sabemos quién es ni cómo ha llegado ahí, hasta que irrumpe en su celda Jean-François, un cronista que, por orden de su majestad, tiene que sonsacarle toda la información que pueda debido a su fama y prestigio. Además, es el último de su hermandad, aquella que ha puesto en jaque a los vampiros desde que estos salieron a la luz, por lo que lo que tiene que contar reviste de cierta importancia. Gabriel al principio se niega, pero termina siendo convencido (o más bien obligado) a ello. Por lo que empieza a relatar toda su vida, saltando en el tiempo mediante flashbacks, y situando cada capítulo en un punto concreto de sus andanzas. Así que tenemos tres líneas temporales en total: la actual como prisionero, su infancia y adolescencia, y su adultez como Santo de Plata. Esto al principio puede ser un poco confuso y obliga al lector a estar atento constantemente para poder hacernos una idea clara de cuál es el orden de los eventos y de cómo unas escenas son el inicio o la consecuencia de otras que se han contado con anterioridad o que están por venir.

Gabriel de León comienza el libro siendo un hombre adulto de más de treinta años, pero exploramos su vida desde sus infancia en un pequeño pueblecito. El evento traumático que lo inició todo fue cuando su hermana fue atacada por un vampiro y convertida en uno de ellos, siendo el propio de León quien tuvo que terminar con su vida para evitar que siguiera asesinando o que se hiciera daño a sí misma. Esa proeza le hizo ser reclutado por Manogrís, un santo de Plata que le dio a conocer la existencia de la hermandad, su propósito y sus reglas. Fue entonces cuando Gabriel descubrió su verdadera naturaleza, el motivo por el que había estado experimentando cambios inexplicables en su cuerpo y en su comportamiento y el por qué no todo el mundo podía ser un santo: porque para entrar en la orden había que ser mitad vampiro mitad humano. Eso supuso un choque brutal para él, quien había crecido despreciando a estas criaturas y odiándolos por haber destrozado a su familia, pero aprendió a valorar las virtudes que esto le proporcionaba. Después de todo, gracias a su mezcla de sangres era más fuerte, más resistente y le confería poderes especiales que podía usar para destruir a su enemigo. Así pues, Gabriel es un hombre cuya personalidad se ha forjado a base de traumas. Su paso por el Monasterio de San Michon, sede de los santos, tampoco fue un camino de rosas y lo que empezó siendo un lugar al que pertenecer, rodeado de gente como él y que le permitía dar rienda suelta a sus ambiciones y sed de venganza, terminó transformándose en algo muy distinto. El Gabriel del presente es cínico, sarcástico, frío, distante, no cree en el Redentor (a pesar de que toda su formación como guerrero se basa en una estricta fe religiosa) y es famoso entre humanos y vampiros por su crueldad y letalidad. Nada más conocerle, puedes intuir que lleva a sus espaldas un pasado trágico empapado de sangre y muerte y eso se refleja perfectamente en su personalidad y en su forma de enfrentarse a la vida. Es alguien que lo ha perdido todo, que sabe que su existencia está a punto de llegar a su fin y que, sobre todo, está muy cansado. Está muy bien construido, desde su forma de hablar hasta sus gestos y su mentalidad y Kristoff ha logrado plasmar en él a la perfección a un hombre consumido y agotado, pero que todavía guarda una chispa en su interior.

De su época de San Michon, destaca Aaron de Coste, el compañero de armas de Gabriel. Un joven que se inició en la orden al mismo tiempo que nuestro protagonista y con quien, desde el principio, establecieron una relación tensa, casi de enemigos. Aaron es el típico hijo de nobles, creído y con aires de grandeza, orgulloso y arrogante que odia a Gabriel casi desde que se conocen. Esta rivalidad les llevó a pelearse más de una vez y trajo más de una consecuencia negativa durante su entrenamiento. Aaron es un personaje despreciable con el que es imposible empatizar hasta que, según vamos avanzando, vamos descubriendo qué se oculta detrás de esa máscara de rabia y desdén. Me gusta mucho la evolución que tiene a lo largo de la novela y ese rechazo inicial que produce en el lector, es perfectamente coherente con su trayectoria vital y sus objetivos personales.
Otro de los personajes fundamentales durante su instrucción como Santo de Plata es Astrid. Es una joven que, aunque está iniciada como novicia en el monasterio, su personalidad es todo lo contrario a lo que una monja devota debería ser. Es rebelde, poco dada a cumplir las normas impuestas, contestona, de lengua afilada y se niega a encasillarse en el molde de mujer sumisa y de servidumbre. Es por esto que Gabriel enseguida se fija en ella, porque destaca como un faro en la niebla. Astrid es un personaje que al principio detestaba porque se notaba muchísimo que era una mujer escrita por un hombre. Sí, tenía carácter, era terca y su pasatiempo favorito consistía en hacer lo contrario de lo que dictaba la moralidad. Pero está escrita para atraer a la mirada masculina y eso se nota cuando, durante gran parte del libro, existía por y para Gabriel. Su presencia era relevante solo si favorecía de alguna forma al protagonista o a la trama. Por suerte, esta forma de construir al personaje evoluciona notablemente y hay un punto en el que Kristoff parece cogerle el puntillo y darle el peso que se merece en el libro. A partir de ese instante, se convirtió, junto con Chloe, en uno de mis personajes femeninos favoritos. Chloe es otra hermana de la orden. En este caso, su forma de ser es más calmada, comedida, dulce, lo que se espera de una monja. Sin embargo, y a pesar de chocar tanto, es muy amiga de Astrid y ambas mujeres ayudaran a Gabriel durante su estancia en San Michon en su investigación acerca del origen de los vampiros y la verdad tras la disminución del brillo del sol. Chloe es un personaje muy interesante a quien conoceremos mejor conforme más avance la novela y sus decisiones y apariciones serán fundamentales tanto para la historia como para el propio Gabriel. Su evolución es absolutamente espectacular y demuestra cómo una mujer, a pesar de vivir bajo el peso de creencias religiosas y patriarcales, puede romper sus cadenas y brillar con luz propia, sin perder su esencia. Ser dulce y delicada no la exime de ser una guerrera increíble, muy capaz, y una persona que no teme mancharse las manos de sangre si eso implica su supervivencia y la de aquellos a los que aprecia. Eso sí, su fe en el Redentor se mantendrá inquebrantable.

Bebeceniza también merece una mención especial. Es la espada que utiliza Gabriel, un arma que tiene conciencia y le habla cada vez que está desenvainada y en su mano. Tiene pérdidas de memoria, a veces repite las cosas y tartamudea, pero su personalidad es increíble. Le da el toque humorístico al libro y para mí las escenas mejoran exponencialmente cuando hace su aparición triunfal, añadiendo ciertos comentarios, perdiéndose en recuerdos de épocas pasadas o canturreando tonadillas populares. Más personajes a tener en cuenta son Manogrís, maestro de Gabriel y quien será casi como un padre para él, y Dior, quien aparecerá mucho más adelante en la novela y es una pieza clave en la historia.

Con respecto a la trama y el worldbuilding, al final estamos ante una historia típica de vampiros pero al estilo Kristoff y con su buena dosis de violencia y escatología; es decir, de grimdark. Estas criaturas se nos presentan como lo que son: hermosos y seductores, sanguinarios, violentos, sedientos de poder y de dominación, amorales. Para ellos, los humanos solo tienen importancia como forma de alimento, pero al margen de eso los consideran insectos e insignificantes. Es más, los únicos a los que respetan mínimamente son a los Santos de Plata por tener la valentía y las narices de enfrentarse a ellos y darles un  poco de entretenimiento. Disfrutan con el dolor ajeno y carecen de toda empatía. La novela está plagada de escenas explícitas, con una violencia muy detallada en la que el autor no teme en regodearse de las miserias, la suciedad y la desolación. Así que si sois de estómago sensible, yo de vosotros iría con cuidado. Algo a destacar es que los vampiros se dividen en diferentes familias de sangre azul y, dependiendo de a cuál de ellas pertenezcan, tienen unos poderes u otros. Por ejemplo, la familia Dyvok destacar por tener una fuerza descomunal, los Voss emplean la telepatía, los Illon manipulan emociones... Parte de esas cualidades también la reciben quienes son mitad humanos y mitad vampiros, es decir, aquellos que engrosan las filas de la Orden de Plata. Hablando de la Orden, esta también tiene sus propias divisiones y organización interna. Dependiendo de a qué partición pertenezcas, tendrás unas obligaciones u otras (herreros, maestro de armas, novicia...). Al principio es cierto que resulta un poco confuso asimilar tanta información, sobre todo la que se refiere a los vampiros, pero por suerte el autor suele incluir breves recordatorios para situar al lector.

El punto más negativo de esta novela fue cómo está escrita. Tal y como he apuntado al principio, Gabriel utiliza flashbacks y saltos en el tiempo para contar su historia desde su niñez hasta el punto en el que se encuentra ahora mismo, y todo eso lo va anotando diligentemente el vampiro que lo custodia enviado por la reina. Muy al estilo Entrevista con el vampiro. Y es precisamente esa forma de narrar la que a mí me sacaba constantemente de la lectura. Para empezar, la forma que tiene Kristoff de mostrarle al lector cómo funciona el mundo que ha construido es ridícula. Jean-François le pide explícitamente que le hable como si él fuera un bebé que desconoce cosas obvias porque "así es como lo quiere la Emperatriz", lo que implica que Gabriel describe punto por punto quiénes son los vampiros, cómo se gestionan, sus puntos fuertes y débiles, sus poderes, las familias a las que pertenecen... Datos que obviamente el historiador ya conoce porque él es un vampiro y que Gabriel omite porque presupone la redundancia de ahondar en ello. Y aunque entiendo el punto de que esas explicaciones son para los lectores, no deja de parecerme absurdo que Jean-François esté interrumpiendo constantemente la conversación para exigir más detalles sobre algo que es evidente que él conoce a la perfección con la excusa de que son órdenes de su reina.

Por otro lado, estas intervenciones me ponían de los nervios. Kristoff tiene la necesidad de recordarte todo el rato que la historia está siendo contada con Gabriel encerrado en una celda y custodiado por vampiros, por lo que el flujo de la narración es constantemente interrumpido por el cronista haciendo alguna pregunta estúpida. Honestamente, creo que habría funcionado muchísimo mejor si simplemente fuera Gabriel escribiendo un diario en la cárcel. Además, el recordatorio perenne de que es una entrevista refuerza el hecho de que es un sinsentido que Gabriel recuerde cada momento vivido con sumo detalle, hasta el punto de describirte a la perfección diálogos enteros o cuántas veces tosía sangre X personaje. Lógicamente es ficción y siempre tienes que hacer un pacto con el autor para creerte que cualquier protagonista que narre la historia de esta forma tiene una memoria prodigiosa. Con eso no tengo ningún problema, es un tipo de narración que acepto y disfruto. No obstante, la constante participación de Jean-François deteniendo el flujo de la narración, hacía que, al menos para mí, ese pacto se rompiera y no pudiera evitar pensar en lo absurdo de todo aquello. Por suerte, sus intervenciones van disminuyendo conforme nos acercamos a la recta final, por lo que llega un punto en el que podemos olvidarnos de que estamos en mitad de un diálogo y disfrutar de la lectura como se merece.

Siguiendo con el estilo narrativo, otro elemento que me hacía suspirar son las constantes palabras francesas en los diálogos. Sí, entiendo que la historia está basada en la Francia medieval. Sí, entiendo que los personajes están, en teoría, hablando francés. Sí, obviamente ciertos conceptos tienen que estar en francés porque de otro modo no funcionarían. Pero, ¿es necesario que todos los "sí" hayan sido sustituidos por "oui"?. ¿O que los personajes parezcan incapaces de utilizar otro tipo de afirmación que no sea un "oui"? Eso más que ayudar a la ambientación, a mí por lo menos me sacaba de mis casillas porque me llegó a resultar excesivo. Además de todo eso, y por mucho que me duela decirlo, esta novela adolece de una misoginia rampante. No solo a la hora de construir a los personajes femeninos como he comentado antes (que esto termina solventándose), sino en cómo se expresan los personajes. Este libro es muy basto y, por lo tanto, los personajes utilizan un lenguaje soez, algo de lo que no me quejo y que es perfecto para caracterizarlos y entender ante qué tipo de historia estamos. No obstante, lo que a mi me molestó es que absolutamente todos los insultos, maldiciones y demás lindeces siempre tuvieran una connotación sexual negativa hacia las mujeres. ¿Es necesario describir el ancho de algo haciendo referencia al tamaño que tienen los genitales de una prostituta en un barco de marineros? Porque yo creo que no. Y si esta clase de comentarios fueran en momentos puntuales donde tenemos a personajes muy enfadados soltando perlas por la boca, pues tampoco me importaría tanto. ¿Quién no ha dicho una burrada cuando hierve de ira? Pero cuando este tipo de machistadas son constantes y encima se usan a la mínima oportunidad para momentos tan innecesarios como descripciones... se me hizo insoportable. Menos mal que luego el tema afloja un poco y se convierten en comentarios puntuales en escenas de frustración o emociones fuertes, pero los primeros capítulos están plagados de ellos.

Y ya por último, relacionado con este tema, están las escenas sexuales. Son totalmente innecesarias. No aportan nada a la historia, a los personajes, a sus relaciones, a su evolución, nada. Además, estas escenas son una especie de sueños vívidos que tiene Gabriel de manera habitual, por lo que se podría decir que ni siquiera son reales aunque él las perciba como tal y Kristoff las describa de tal manera, que puedes llegar a pensar que sí están sucediendo. Esto hizo que, por tanto, me resultaran todavía más innecesarias. A parte de eso, como tenía presente constantemente que todo lo que estaba leyendo se lo estaba relatando de viva voz al cronista, no podía evitar pensar "¿no le está dando vergüenza contarle a un desconocido su sexo onírico con tanto lujo de detalles?". En fin, bastante incómodo si me preguntan. Eso sí, las que están relacionadas única y exclusivamente con los vampiros no me disgustaron, más que nada porque bien es sabido en la cultura popular que son figuras que suelen estar muy asociadas con lo sexual. Con lo cual, en este caso creo que sirven muy bien para contextualizar esta característica vampírica.

Como punto positivo, me gusta mucho cómo escribe Kristoff y, sobre todo, las metáforas que utiliza para realizar las descripciones. Capta a la perfección ese tono oscuro y lúgubre que amerita una historia como esta, usando constantes alusiones a la sangre, a la guerra, a las tinieblas... Todo ello construye una atmósfera asfixiante y desesperanzadora que encaja a la perfección con la trama y sus personajes. Asimismo, y por increíble que parezca, a pesar de ser un libro casi de mil páginas se lee con relativa agilidad. Al fin y al cabo, la historia es lo suficientemente interesante como para que sea difícil dejar de leer y el cómo funciona el mundo está lo suficientemente bien explicado como para que el avance sea fluido.


Un punto fuerte de esta novela es el tema religioso. La religión que emplea el autor es el cristianismo con ciertos toques adaptados al mundo de fantasía. En esta obra también tenemos a un Dios que tuvo un hijo mortal, el Redentor, que se sacrificó por la humanidad. El Redentor es la figura central alrededor de la cuál se construye el sistema religioso y su credo es el que guía la ética y la moralidad de los Santos de Plata. Me gusta mucho que la religión no sea solo una creencia sin más, sino que tenga un peso real en la historia, pues creer en el Redentor proporciona a los cazavampiros poderes reales para combatir a estos monstruos. Un ejemplo de esto son los diversos tatuajes de plata que hienden sus cuerpos y que se activan en batalla, produciéndoles a los vampiros heridas graves al contacto con la piel. Es decir, la magia que emplean los santos para luchar es una mezcla entre su fe en un ente superior y la sangre vampírica que corre por sus venas. Por tanto, la religión es útil y tiene un sentido práctico, no es una mera creencia. Otro aspecto a destacar son las constantes reflexiones que hay acerca de este tema. Igual que el cristianismo o fes similares, esta religión se muestra como la salvación de la humanidad, como la única verdad posible y se incide en el hecho de que creer en el Redentor es lo único que puede ayudar a destruir a los vampiros, encarnación del diablo. No obstante, después de tantísimos años de lucha, Gabriel comienza a perder la fe. ¿Cómo es posible que él, fiel devoto que ha sacrificado tanto por su Dios, lo único que consiga a cambio sea perderlo todo? Si el Redentor es tan todopoderoso y rendirle tributo es la mejor opción, ¿por qué su fuerza no acude a ayudar a aquellos que lo necesitan y más en tiempos tan convulsos? Es muy interesante ver la transformación de Gabriel también a este respecto, de hombre de fe inquebrantable dispuesto a dejarse la piel por un bien común, a una persona desencantada que ha aprendido por las malas que no importa lo que haga o cuánto luche, al final quien protege a las personas, son otras personas.

Por otro lado, la religión del Redentor también predica amor al prójimo, perdonar a los demás, ser empático, comprensivo y, por encima, buena persona. Sin embargo, como suele pasar, la palabra escrita es tergiversada una y otra vez por la cúspide de la iglesia, por los "más creyentes de todos", para condenar y castigar a aquel que es diferente, que no está de acuerdo con ciertas normas o que cuestiona el dogma establecido. Es decir, aceptamos, queremos y defendemos al otro, siempre y cuando se adapte a lo que yo espero de él. Todos estos debates son perfectamente extrapolables a religiones reales y estoy segura de que mientras los leéis, os vendrá a la mente más de una situación similar.

En cuanto al final, como no podía ser de otra manera, es impactante. Los últimos capítulos están cargados de tensión porque, tras cierto descubrimiento acerca de un personaje concreto, no sabes muy bien cómo va a actuar Gabriel al respecto dado que en él se enfrentan sus creencias y todo aquello por lo que ha luchado durante años con sus sentimientos y emociones más profundos. Es un desenlace relativamente cerrado, porque en cierto modo el hilo principal que llevamos persiguiendo desde casi el principio queda más o menos resuelto, pero quedan tantas incógnitas en el aire que aun así necesitas leer de inmediato la segunda parte para saber cómo el último Santo de Plata pretende salir del entuerto en el que se ha metido.


No empecé con buen pie con El imperio del vampiro. A pesar de conocer a Kristoff, esta saga es la primera obra adulta que leo de él, por lo que no sabía a qué atenerme. Por mucho que la historia y los personajes me estuvieran gustando, todos los aspectos negativos que iba encontrando (la misoginia, el exceso de sexo, el estilo entrevista...) eran escollos que me estaban impidiendo disfrutar en su totalidad de la lectura. No obstante, por suerte eso fue cambiando; no sabría decir si es que esos "fallos" se fueron puliendo, o simplemente estaba tan metida en el libro que empecé a ignorarlos. Sea como fuere, una experiencia que empezó siendo un tanto decepcionante, se convirtió en una lectura increíble que me hizo entender por qué tanta gente alababa el nuevo trabajo del autor.

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