Autora: Irene Morales
Saga: Larga vida al rey
Editorial: Umbriel
Año de publicación: 2024
Páginas: 544
Sinopsis: Sasha de Corte no quiere matar al rey. Prefiere seguir escondido allí, lejos de los reinos conquistados por Verenize • de Veda, donde nadie conoce ni su nombre ni su pasado, donde su única preocupación es ganarse honradamente el pan y desaparecer sin dejar rastro en cuanto sus vecinos empiezan a preguntarse por qué nunca envejece.
Pero cuando la viva imagen de la difunta princesa Sera llama a su puerta, Sasha ya no puede seguir huyendo.
Es ella quien lo arranca de cuajo de su gris existencia, arrastrándolo sin miramientos a la búsqueda de la única arma capaz de poner fin a los doscientos años de reinado del Eterno. Así, el antiguo caballero se verá forzado a enfrentar las consecuencias de sus pecados, siempre acompañado de esa chiquilla medio loca que tanto se parece a Sera y de su guardiana, una arquera de lengua afilada que lo odia. Y quizá de alguien más. Alguien a quien conoce muy bien.
No, Sasha de Corte no quiere matar al rey, pero es hora de volver a casa.
CONTIENE SPOILERS DE SANGRE
Sasha adoraba a Nize. Le consideraba su mejor amigo y le era fiel hasta la muerte. Hasta que muerte fue lo único que quedó cuando este ascendió a rey y su caballero se dio cuenta de que esa lealtad tenía que acabar: no podía seguir defendiendo lo indefendible. Desde entonces, Sasha lleva doscientos años retirado en un pueblecito alejado de las maquinaciones de la corte y de los territorios conquistados por quien tiempo atrás fue el centro de su vida. Algunos lo calificarían de cobardía, teniendo en cuenta que el propio Sasha es, en cierto modo, responsable de lo sucedido; él lo considera más bien un acto de supervivencia. Alejado de Nize, se ha forjado una nueva identidad como Sherezade y pasa sus días como un humilde cristalero ignorando deliberadamente su pasado y las noticias que vienen de la corte. Hasta que dos mujeres irrumpen en su casa, una de ellas inquietantemente parecida a Sera, amenazándole con que saben quién es él, qué relación tiene con el rey y que si valora en algo su vida, tiene que regresar con ellas a la capital.
Existe una profecía que dicta que Hator, el clon de Sera, está destinada a matar a Nize y con ello acabar con su tiranía y con Astrae, el demonio que lo acompaña. Pero para lograrlo, necesita la ayuda de Sasha, quien está vinculado de por vida al rey, pacto que, en contra de la voluntad del caballero, supuso la inmortalidad de ambos. No solo eso, sino que, además, Nize lleva todo este tiempo desesperado buscándole por todas partes porque lo que más anhela es que su antiguo amigo regrese a casa. Sasha no quiere regresar. Se ha esforzado mucho en construir una nueva vida y en fingir que todo lo que sucedió en Veda es parte del pasado. Pero el pasado siempre vuelve, en este caso en forma de profecía, y sabe que Hator y su compañera arquera Moira, no se van a rendir hasta cumplir con su parte. Sasha no puede huir eternamente. Ha llegado la hora de que se enfrente a aquello que dejó atrás.
Tras la muerte de Sera, su hermana mayor y futura reina, la tristeza y la obsesión consumieron a Nize. No solo tuvo que lidiar con su asesinato inesperado, sino con el hecho de que ahora él tenía que ser el próximo rey. Después de haber estado toda su vida a la sombra de su hermana y centrado en perfeccionar su magia, al margen de politiqueos y responsabilidades, de la noche a la mañana se encuentra con que debe afrontar el mayor compromiso de todos: reinar cuando no ha sido educado para ello. Ese trauma sumado a sus ansias de poder en cuanto a la magia se refiere y la mala influencia de Astrae, el demonio a quien está vinculado y que disfruta explotando las vulnerabilidades y defectos de su amo, convertirán a Nize en alguien que solo busca el beneficio propio y que hará lo que sea (incluso matar a sus seres queridos) con tal de lograr sus objetivos. A pesar de que Sasha, al principio, defendía en todo a su amigo y fue su gran apoyo en los peores momentos, después de lo que sucedió al final del primer libro y todo lo que eso supuso, se dio cuenta de que no podía continuar a su lado y de que no había nada que él pudiera hacer para contrarrestar el reinado de terror que estaba a punto de comenzar.
Han pasado doscientos años y Sasha se ha esforzado por olvidar sus días en la corte y llevar una vida modesta y tranquila, cambiando su nombre y fingiendo una identidad para pasar desapercibido. Por culpa del Vínculo que le une a Nize, ambos son inmortales, lo que supone un recordatorio constante para Sasha de lo sucedido y, en parte, un castigo que le obliga a desplazarse constantemente cuando su eterna juventud empieza a ser sospechosa.
Aun así, no puede huir para siempre. Por un lado, porque Nize se niega a aceptar que su caballero lo haya abandonado y no va a cesar en su empeño por hallar su paradero y obligarle a regresar al castillo; y por otro, porque desde que Hator y Moira se colaron en su casa alegando que el viento les susurró su nombre (en este mundo los elementos forman parte de la magia) y que forma parte de una profecía, sabe que no puede ignorarlas sin más. Incluso si no formara parte de un plan del Mundo para acabar con Nize y su gobierno, Sasha es muy consciente de que no puede huir eternamente. Como podréis imaginar, esta segunda parte está narrada desde el punto de vista del ex-caballero (en la primera el protagonista era Nize), lo que te permite por fin conocerle mejor. Sasha fue un personaje al que odié en el libro anterior, porque no me entraba en la cabeza cómo era capaz de permitirle a Nize según qué cosas, o pasar por alto sus delitos, sus acciones fruto del puro egoísmo o las flagrantes mentiras que escupía por la boca para librarse de cualquier responsabilidad. Sí, Nize era un príncipe y, por tanto, su superior, por lo que, como caballero, su deber era protegerle y punto. No obstante, también eran mejores amigos y cuando alguien a quien aprecias de esa forma comete un error o tiene actitudes como mínimo cuestionable, parte de tu cometido debería ser pararle los pies o, como mínimo, hablar con él para hacerle entrar en razón. Sin embargo, Sasha se mantenía al margen la mayor parte del tiempo, e incluso a veces le protegía y se ponía de su parte aun cuando Nize había hecho algo realmente grave. Por este motivo, fue un personaje que me irritaba muchísimo. Era sumiso, pasota, sin sangre, un perrito faldero incapaz de negarle nada a su amo. Que este libro estuviera escrito desde su punto de vista me produjo rechazo desde el primer momento, porque lo último que quería era estar durante 500 páginas en la cabeza de alguien a quien no soportara. Pero, he de decir, que gracias a eso pude comprenderle mejor y entender su postura. Además, muestra un claro arrepentimiento y asume parte de la responsabilidad de lo que ocurrió con su ex mejor amigo. Eso no hizo que se borrara de un plumazo todo lo que me molestó de su actitud y su forma de ser al inicio de la saga, pero sí me permitió empatizar más con él. Además, por suerte es un personaje que experimenta una buena evolución, y aunque sigue sin ser santo de mi devoción, al menos me cayó un poco mejor. Para Sasha es muy duro tener que enfrentarse a aquello que dejó en la corte, a la destrucción que ha causado Nize en su ausencia y, peor aún, a la degradación y locura que ha experimentado el propio Nize con el transcurso de los años. El ver a su antiguo mejor amigo en ese estado y el saber que él va a ser partícipe de su asesinato, es un peso que aplasta su corazón, al tiempo que sabe que sus compañeras tienen razón; la situación ha alcanzado un punto de no retorno y la única forma de detener esta espiral de locura y violencia es acabando con la vida del rey.
Por otro lado tenemos a tres personajes femeninos que van a formar parte de este viaje. Lo que más destaca de Hator es que parece un clon de Sera (la hermana mayor de Nize asesinada), hasta el punto en que nos pasamos todo el libro preguntándonos si no será acaso su reencarnación. Ella es la Elegida para matar a Nize, pero para ello necesita ayuda y reclutar a las personas que, según el viento, forman parte de la profecía. Algo curioso es que una prueba infalible de quién forma parte de la misma, es que son capaces de entender el idioma en el que esa profecía está escrita, un detalle que me pareció bastante original y una forma muy eficaz de confirmar qué personas tienen que estar involucradas. Hator es bastante dulce, divertida y se toma muy en serio el papel que tiene que desempeñar. Al principio parece que ella y Moira son uña y carne, pero cuando iniciamos el viaje nos damos cuenta de que nada más lejos de la realidad: se llevan a matar. Moira es arisca, distante y un poco bruta y se pasan la mayor parte del tiempo discutiendo. Además, ambas están Vinculadas en contra de su voluntad, como un requisito obligatorio para que su misión se cumpla con éxito, dado que esta unión refuerza su magia. Es verdad que conforme más tiempo se ven obligadas a estar juntas, mejor se acaban entendiendo y terminan formando una bonita amistad, gracias a que van a tener que permanecer unidas si quieren solventar todos los obstáculos que se ponen en su camino. Que Moira cambie su actitud y poco a poco se vaya volviendo más relajada y confiada también ayuda en la evolución de su relación. Su papel consiste en proteger a Hator, y algo que al principio es una simple obligación, termina siendo un cometido que no le importa realizar con tal de asegurar que la supervivencia de su amiga. Moira también me gustó mucho, porque a pesar de su ira y su brusquedad, es la que más fiereza tiene en las venas. Además, es la primera persona que se enfrenta a Sasha, que le grita a la cara cuál es su responsabilidad en todo este embrollo y que su cobardía ha sido la que ha permitido a Nize masacrar pueblos enteros y anexionarlos a la capital. Está muy bien construida de tal manera que puedes entender su dolor y que su forma de exteriorizarlo sea a base de puro veneno.
La tercera pata de este trío de mujeres será Anna, una pastelera del pueblo donde vive Sasha que está secretamente enamorada de él. Cuando Sasha se marcha para cumplir la profecía, Anna no dudará ni un minuto en seguirle, ya que no puede soportar que se vaya de repente y sin avisar. Al principio, Hator y Moira pretenden deshacerse de ella, hasta que descubren que la pastelera también es capaz de entender el idioma de la profecía, por lo que se ven obligados a aceptarla en el grupo. Anna al principio es tímida, no le gusta destacar y tiene poco autoestima. Sin embargo, progresivamente irá adquiriendo más confianza en sí misma, siendo consciente de sus virtudes, y aceptando que ella también forma parte de la salvación del Mundo, aunque no lo crea. El añadido de estos tres personajes femeninos en el libro fue un soplo de aire fresco y un buen contraste con la primera parte, donde el foco solo estaba en Nize. Aunque Sasha sigue siendo el protagonista indiscutible, sus compañeras tienen mucho peso en la trama y es algo que se agradece. Hicieron que la historia fuera más ligera y entretenida y fueron de lo mejorcito de esta novela porque es muy fácil encariñarte con ellas.
También será importante el personaje de Rako, aunque no quiero revelar mucho al respecto porque es parte de la gracia del misterio. Rako es el doble de Nize, alguien a quien usaban en la corte para que se hiciera pasar por él de ser necesario como, por ejemplo, si la presencia del príncipe podía suponer un problema para su seguridad. De él no sabemos mucho, más allá de que se llevaba muy bien con Sasha y entrenaban juntos, pero en este libro descubrimos mucho acerca de su personalidad, su forma de ser y todo lo que supuso para él limitarse a ser la sombra del príncipe, siempre relegado a un segundo plano, alguien a quien hacer caso solo cuando es estrictamente necesario.
En este libro hay romance, y he de decir que me sobró un poco y me pareció extraño teniendo en cuenta quiénes son los involucrados y las implicaciones que tiene. Se me hacía muy raro leer esas escenas y además tenía la sensación de que el amor entre ambos personajes surge un poco porque sí, por traumas del pasado y vidas complicadas, más que por enamoramiento genuino. Eso sí, he de decir que las escenas esróticas están muy bien escritas, algo extraño teniendo en cuenta el panorama literario actual en cuanto a lo erótico se refiere.
Una mejora de esta novela con respecto a la anterior, además de ampliar el elenco de personajes y los puntos de vista, es cómo se presenta el worldbuilding. El mundo de fantasía que crea Irene Morales es muy original e interesante, pero sentía que estaba muy mal explicado, que la autora se limitaba a lanzarte conceptos, preceptos religiosos, festividades, creencias... sin llegar a esclarecer en ningún momento su propósito, por lo que tenías que intuirlo por contexto. Algo que, la mayor parte del tiempo, era imposible de deducir y generaba más confusión que otra cosa. Incluso algo tan importante como el sistema de magia, parte central de la novela, se describía a trompicones. Eso hizo que me costara mucho entender las reglas que regían este universo y cómo se aplicaban a los personajes y a la trama en sí. Sin embargo, como he adelantado, este aspecto mejora bastante. En Flores, la autora dedica tiempo a profundizar en el sistema de magia (sobre todo en la magia de los elementos que es la que usan los brujos y que se considera casi una anomalía y peligrosa en comparación con la magia de los demonios), y eso me permitió comprender mejor su funcionamiento, sus límites y, en general, cómo se regía el mundo bajo esta práctica. Asimismo, el mapa se amplía y aparecen nuevos pueblos y regiones conforme Sasha, Hator, Anna y Moira continúan con su viaje hacia la capital. Todos estos nuevos lugares tienen sus propias costumbres, creencias y tradiciones y la autora se detiene en todos ellos para hablarnos de su lengua, su comercio, cuestiones políticas... enriqueciendo así el mundo de esta saga. Fue interesante conocer otras culturas más allá de Nize y la capital del reino.
Como gran punto negativo, se encuentra la trama. Al final, esta novela no deja de ser el viaje del héroe, tanto en el sentido geográfico como en el mental. Esto implica que es un libro muy repetitivo. Mientras van por los caminos de vuelta a la corte, el grupo se topará con muchos obstáculos que tienen que sortear y casi todos ellos terminan con una pelea a muerte contra alguna criatura terrorífica que les obliga a explotar todo su potencial mágico y de combate y a apartar sus diferencias para luchar juntos. El propósito de todos estos encontronazos es convertir a un puñado variopinto de personajes que no tienen nada en común, que no confían entre ellos y cuya relación está basada en tensiones y angustia dado que se han embarcado en una misión prácticamente suicida, en un grupo de amigos que se apoyan, se cubren las espaldas y terminan apreciándose mutuamente con sinceridad. Y aunque entiendo perfectamente lo que quiere hacer la autora y es necesario para el correcto desarrollo de los personajes y de la historia, se me hizo muy aburrido. Porque todos o casi todos los capítulos están cortados por el mismo patrón: llegan a un pueblo nuevo > se describe el pueblo > les ataca un monstruo > están a punto de morir pero se salvan > pasan unos días en el pueblo hasta que emprenden de nuevo el viaje > les atacan por el camino > llegan al siguiente pueblo etc. Esto ralentizó muchísimo mi lectura porque por más interesante que me parecieran las nuevas culturas que se introducían o la evolución que estaban teniendo los diferentes personajes (tanto a nivel mental como en su amistad), lo que estaba sucediendo mientras tanto me resultaba soporífero, por lo que tardé en leerlo muchísimo más tiempo del que creía, dado que no era una lectura que me apeteciera demasiado continuar. Es cierto que hay algún que otro giro de trama sorprendente conforme nos vamos acercando al final, pero ninguno de ellos compensa el tedio que supone llegar hasta allí.
La pluma de la autora, como siempre, es exquisita. Considero que Irene Morales tiene un estilo magnífico, muy bonito, metafórico y sugestivo, que hace personajes muy interesantes y diferentes a lo que suele ser habitual en fantasía (puedan caerte mejor o peor) y con historias y mundos originales.
Flores mejora con respecto a Sangre en algunos aspectos como ampliar el elenco de personajes y que no sea Nize quien absorba todo, añadiendo a tres mujeres muy carismáticas e interesantes; mejores descripciones y explicaciones del mundo; y extender también los escenarios, aportando un universo multicultural y diverso. Sin embargo, la lentitud de la historia, lo repetitivo de la trama y que apenas sucede nada relevante en quinientas páginas, hicieron que, si bien disfruté esta segunda parte un poco más que el inicio de la saga, tampoco puedo decir que haya sido un libro que me gustara demasiado.






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