Título: Agatha Raisin y el veterinario cruel (#2)
Título original: Agatha Raisin and the and the Vicious Vet
Autora: M.C. Beaton
Idioma original: inglés
Saga: Agatha Raisin
Editorial: Salamandra
Año de publicación: 2021
Páginas: 224
Sinopsis: Agatha Raisin, ex propietaria de una agencia de relaciones públicas, disfruta de su jubilación anticipada en el bonito pueblo de Carsely: está ya bien instalada en su casita de campo con sus dos gatos. La guinda del pastel es que Paul Bladen, el nuevo veterinario del pueblo, no parece indiferente a sus encantos. Sin embargo, antes de que el romance logre florecer, Paul muere por culpa de una inyección de tranquilizante destinada a un caballo rebelde. Y aunque la policía local concluye que se ha tratado de un desafortunado accidente, para Agatha, cuyo olfato le permitió resolver el caso de la quiche letal, se trata sin duda de un asesinato. Junto al seductor coronel James Lacey, Agatha se lanza a una investigación mucho más peligrosa de lo que imaginaba...
CONTIENE SPOILERS DE AGATHA RAISIN Y LA QUICHE LETAL
La tranquila y bucólica vida de Carsely, el pequeño pueblo de los Cotswolds donde Agatha se ha comprado su casa, se verá revolucionada cuando se mude allí Paul Bladen, el nuevo veterinario. Paul es un joven apuesto y magnético que hará las delicias de todas las vecinas. Agatha tampoco será inmune a este atractivo, así que aprovechará la coyuntura de que Bill, el policía del pueblo, le ha regalado un gato para que no se sintiera sola como excusa para acercarse al guapo veterinario e intentar tirarle los tejos. A ver si cuela. Hasta que Paul muere, misteriosamente, a causa de una inyección letal de tranquilizante para caballos. Tras las primeras pesquisas, la policía concluye que se trata de un terrible accidente, pero Agatha no está de acuerdo con el informe policial. Según su punto de vista, es imposible que un experto veterinario como él cometiera un error fatal como ese. Así que la única conclusión razonable, es que alguien del pueblo le ha asesinado deliberadamente. ¿Pero quién querría matar a Paul si acababa de llegar y nadie le conocía en profundidad? ¿Qué motivo de peso se esconde tras su repentino asesinato? Esas cuestiones no dejan de zumbar en la cabeza de Agatha, por lo que toma la única opción lógica: emplear su abundante tiempo libre para investigar al veterinario y demostrar que la policía se equivoca.
Carsely es el típico lugar en el que nunca ocurre nada; por lo que la presencia de un nuevo veterinario (y además, uno tan guapo) se convierte en todo un acontecimiento. Agatha, que no puede ser menos, se inventará que su gato tiene una enfermedad como excusa para apelotonarse en su consulta con el resto de vecinas y así tener la oportunidad de conocer a Paul y, de paso, intentar ligar con él. Lo que no esperaba era que el hombre lo mismo que tiene de atractivo, lo tiene de borde y desagradable, por lo que no tardará en enemistarse con medio pueblo. Cuando varios días después aparezca muerto y la policía lo catalogue como accidente, Agatha, que no tiene otra cosa mejor que hacer porque se aburre como una ostra, sentenciará que la conclusión policial es errónea y que se trata de un asesinato. Por un lado porque considera imposible que un profesional veterinario se inyecte un tranquilizante para caballos por error y, por otro, porque a pesar de llevar poco tiempo en el pueblo y ser apenas conocido entre los vecinos, su actitud grosera y maleducada le ha granjeado los suficientes enemigos como para que alguien quisiera verle muerto. Así que Agatha, ni corta ni perezosa, se pone manos a la obra para investigar quién podría haberle asesinado y por qué.
No obstante, en esta ocasión no actuará sola, pues le ayudará James Lacey, su flamante vecino de al lado, también recién llegado. Un atractivo excoronel con el que Agatha intentó ligar en el libro anterior, pero no le fue demasiado bien, por lo que ahora le guarda un pelín de rencor. Eso sí, cuando se le ponga por delante la oportunidad de colaborar con él para solventar un supuesto asesinato, no dudará en dejar de lado su resquemor por haber sido rechazada y aprovechará la tesitura para acercarse a él. James por su parte, a pesar de que se huele a kilómetros las intenciones de Agatha, prefiere involucrarse con ella y alimentar su paranoia antes que quedarse encerrado en casa escribiendo el libro de historia militar que tiene entre manos y que debe entregar más pronto que tarde. Lo que se denomina procrastinación activa, vaya. Eso sí, cree (o quiere creer) que Agatha ya no está tan obsesionada con él y que por eso no es un peligro ayudarla. Pero nada más lejos de la realidad: tan solo es que ahora mismo su cabeza está más ocupada en otras cosas, pero no ha dejado de ser inmune al magnetismo de su vecino.
En esta ocasión, el tema del misterio y del crimen me ha gustado más que en la primera novela. Al haber tanto posible sospechoso, no me ha resultado en absoluto predecible quién podría haber matado al veterinario y mucho menos los motivos para hacerlo, por lo que ha sido una sorpresa llegar hasta el final sin tener ni idea de cuál iba a ser la resolución. Además, como ya conocemos a los vecinos, el ritmo del pueblo y a los propios protagonistas, eso ha dado pie a que la autora se centre más en el asesinato en sí y en la parte de investigación, por lo que en ese sentido ha sido una novela mucho más entretenida.
Mi problema principal ha sido, de hecho, Agatha. Agatha es un personaje que en el libro anterior me cayó relativamente bien. Sí, tenía momentos en los que era inaguantable, pero me gustaba su carácter decidido, su terquedad para lograr lo que quiere y esa acidez a la hora de relacionarse con los demás, sin dejar de lado cierta vulnerabilidad. Al final, es el tipo de persona que esperas teniendo en cuenta que durante muchos años ha sido dueña de una agencia de publicidad. Es una mujer de negocios en un mundo masculinizado, por lo que es normal que sea todo uñas y dientes y que esa fortaleza y esos aires de "jefa" la sigan allá donde vaya y los aplique en su hobby de solventar asesinatos. Ahora bien, en este caso se ha comportado como una maruja metomentodo insoportable que se cree con derecho a fisgonear lo que le dé la gana sin respetar la intimidad de otras personas. Como la típica vecina cotilla con quien no quieres encontrarte en el rellano porque como te pille te va a hacer un interrogatorio; la que siempre está pegada a la mirilla y sabe a la perfección cuáles son tus horarios y quién entra y sale de tu casa porque se aburre y no tiene otra cosa que hacer. Pues así todo el libro. Hubo momentos en los que su actitud me resultó insufrible porque usaba la excusa de averiguar quién mató a Paul para satisfacer su propio placer de maruja y no en pos de la investigación.
Y hablando de la investigación, esta es deficiente cuanto menos. Todas las pistas que Agatha consigue son porque está en el momento y lugar preciso para encontrar algo que le permita avanzar en sus pesquisas; o por que se encuentra objetos por pura casualidad. Es decir, no hay una investigación real por su parte, es simplemente una señora que a base de meterse en todos los fregaos posibles, termina topándose casi por accidente con aquello que necesita para reforzar su teoría. Entiendo que ella no es policía y que, por lo tanto, los recursos con los que cuenta para enfrentarse a un posible crimen son escasos y muy básicos. Pero de ahí a que descubra la verdad de lo que le ocurrió a Paul a base de concatenar casualidades hay un trecho. En este aspecto, es una obra muy poco realista. Por mucho que sea cozy mystery y que, por lo tanto, haya que darle ciertas licencias, eso no debería ser excusa para que parte importante de este género (es decir, el misterio) se trate de una forma tan descuidada. Porque al igual que la ambientación relajada, bucólica y de pueblo pequeño está muy lograda y es una delicia, lo mismo debería suceder con la trama criminal. Otro punto que tampoco es creíble es la cantidad de delitos que comete esta señora a lo largo del libro y que permanecen impunes. Es que apenas si recibe alguna reprimenda y eso que su mejor amigo, Bill, es el policía del pueblo. En cualquier otra circunstancia Agatha debería llevarse más de una multa o incluso pasar un par de noches en el calabozo. Pero no, en esta novela hacemos la vista gorda y fingimos que Agatha ni roba, ni se cuela en propiedades privadas ni nada, todo sea por sacar adelante la investigación.
Agatha Raisin es una saga que no puedes tomarte en serio porque a la mínima que la analices fríamente se le ven las costuras por todos lados. Son ese tipo de libros que te lees solo por placer, para divertirte, sin darles demasiadas vueltas. Mero entretenimiento para aquellas personas que aman el cozy mystery, novelas sin pretensiones ni aires de grandeza. Y aunque lo sé, no puedo evitar que mi vena crítica aparezca mientras estoy leyendo. Es una serie con la que pretendo continuar porque son novelas que te lees en una tarde y de las que genuinamente disfruto. Son entretenidas, te encariñas fácilmente con el pueblo y los personajes (depende del personaje, también te digo) y que suponen un remanso de paz y de desconexión. Así que supongo que tampoco puedo pedirles mucho más.






No hay comentarios:
Publicar un comentario