¡Al fin viernes! Y puente, ¿qué más se puede pedir? En esta ocasión vengo con un relatito para la iniciativa "La Senda de los Dioses" que está dedicado a mi amor Anubis (mi amor de
Las crónicas de Kane, claro). Este relato es para la actividad
Honrar a Anubis, que en verdad era dibujar una escena pero como soy manca, pues escribo que se me da mejor. Espero que os guste :)
ATENCIÓN: esta historia contiene spoilers sobre la trilogía al completo. Es decir, si no te has leído hasta el último libro te vas a destripar media historia. Quedas avisad@
Había decidido cambiar mis mechas moradas por unas azules. Me miré en el espejo por última vez con un deje de fastidio. ¿Desde cuándo me preocupaba tanto mi aspecto? Es más, ¿desde cuándo me importaba siquiera lo que pudiera pensar un chico de mi? Chasqueé la lengua. Las botas militares seguían en mis pies, por supuesto, pero había sustituido el habitual uniforme de lino propicio para la magia, por algo más informal y más del estilo "Sadie". Llevaba un top blanco, unos vaqueros y una cazadora marrón. No es que fuera arreglada precisamente, pero tampoco iba como si fuera a lanzar hechizos a diestro y siniestro. Respiré hondo una vez más y salí de mi cuarto. Keops correteaba por el salón con mi hermano persiguiéndole los talones mientras trataba, inútilmente, de robarle a mi babuino favorito la pelota de baloncesto. Baloncesto, otra de esas palabras que terminaban en "o" y que le encantaban a Keops. Al escuchar mis pasos por las escaleras, Carter se giró y me miró.
-¿Dónde vas? -se inclinó hacia delante, apoyando las palmas de sus manos sobre las rodillas para recuperar la respiración de tan arduo partido, el cual probablemente él perdería. No se puede jugar contra un babuino tan habilidoso.
-A dar una vuelta -me encogí de hombros, fingiendo indiferencia. -Ya sabes, un paseo por los cementerios de buena mañana. Esos lugares me traen buenas vibraciones. -sonrío de lado. Carter abre los ojos un instante y forma una "o" con sus labios, que harían las delicias de Keops. Parece que su bombillita se ha encendido y asiente, para después encarar a su adversario y reanudar el combate deportivo.