Hoy vengo a traeros un tema con el que, como ya viene siendo habitual, no estoy de acuerdo. Es decir: vengo a quejarme. Como ya sabréis por las publicaciones del blog, consumo principalmente literatura juvenil y esta, por defecto, está plagada de clichés que se repiten una y otra vez pues son fórmulas que funcionan y atraen al tipo de público al que están dirigidas. Ojo, esto no quiere decir que sea algo malo en sí mismo, pues depende del uso que se le dé y cómo sean tratados dentro de los libros. Asimismo, nos encontramos cada vez más con series que ejercen la misma función y están diseñadas para jóvenes-adultos cuyo contenido es similar al de dichas novelas. Y una de las recetas que se emplea a menudo es que el amor lo cura todo. "Amor" es una palabra repleta de magia y poder que es capaz de solucionar cualquier situación por muy complicada que esta sea. Es decir, no importa qué dificultades encuentres en tu vida pues, si tienes a alguien a tu lado que te da un amor condicional, esta se va a solucionar sola.
No estoy diciendo que esa clase de sentimiento no tenga un cierto efecto curativo y que no ejerza una gran influencia y sea un punto en ocasiones vital para salir adelante. Bien es sabido que el amor es un buen impulsor y ayuda a afrontar situaciones que pueden ser peliagudas. Es un punto de apoyo importante si tienes una pareja que te corresponde y te da un apoyo incondicional. Sin embargo, considero que en ciertos casos esto es insuficiente. Siempre se necesita otra clase de factores independientes del romántico para lograr superar la tristeza, la depresión y, en definitiva, cualquier clase de sentimiento negativo.
Para explicar a lo que me refiero, voy a tomar dos ejemplos que, a mi modo de ver, expresan bastante bien a lo que quiero llegar. Por un lado, voy a referirme a la novela Mi corazón en los días grises y, por otro, a la afamada serie de Netflix Por trece razones.


